La colección Flor de Loto de Dear Maya tuvo origen gracias a la idea de que la belleza no necesariamente debe aparecer a partir de la perfección, también nace desde la transformación de aquello que pensamos jamás tendría brillo propio.
El loto es una de las flores más sagradas y simbólicas de la historia. Crece en el lodo, en aguas turbias y oscuras, pero aun así emerge intacta hacia la superficie para encontrarse con la luz.
Es por eso, que durante miles de años ha representado el despertar espiritual, la expansión de la conciencia y la capacidad del alma humana para florecer incluso en medio del caos.
Para los antiguos egipcios, especialmente el loto azul, era un flor sagrada relacionada con el renacimiento, el sol y la creación de la vida. Decían que el loto emergía de las aguas primordiales al amanecer, abriendose al contacto con la luz del sol y cerrándose al anochecer, como símbolo eterno de muerte y resurreción. Era visto como un portal entre lo humano y lo divino que nos aporta la naturaleza.
En las tradiciones Budistas, el loto representa el camino hacía la iluminación.
Los Budas y seres despiertos suelen ser representados sentados sobre flores de loto porque simboliza la pureza del espíritu que logra elevarse por encima del sufrimiento, el ego y las ilusiones del mundo material.
Dentro de esta colección también aparecen otros elementos como los ojos de Buda, símbolo de conciencia, presencia y visión interior. Este símbolo representa al observador silencioso, el ojo que todo lo ve, la conciencia detrás de la experiencia, lo que comienza con la observación y termina dándole forma a la realidad. También se relacionan con el sol como fuente de luz, percepción y despertar, porque todo comienza primero desde la visión y el sentimiento.
Esta colección habla precisamente de eso: de florecer en la tierra.
De nunca olvidar que el caos y los peores momentos también son parte del proceso que nos convierte en lo que somos y nos empuja al punto más alto de nuestra vida, donde por fin podemos sentirnos realizados después de sobrevivir a través de las adversidades de la realidad material y las injusticias de la existencia propia.
De cierta forma, Flor de Loto también conecta con Kintsugi, la primera colección que dió vida a Dear Maya.
Kintsugi nació en un momento donde todo parecía incierto. Fue una colección creada desde el duelo, los cambios y la necesidad de encontrar lo positivo en aquello que se ha roto. En ese momento, mi proceso se trataba de reconstruirse.
Hoy, años después, Flor de Loto llega desde un lugar diferente en un momento diferente de mi vida. No habla de grietas, sino de lo que sucede después de ellas. Habla de crecer, de confiar en nuestros procesos y de entender que muchas veces las etapas difíciles también son las que nos ayudan a convertirnos en quien estamos destinados a ser.
La flor de loto tiene la capacidad de florecer a través de lo peor. Y creo que muchos de nosotros podemos llegar a identificarnos con eso. Porque no siempre crecemos en las condiciones perfectas, ni en los momentos ideales. A veces florecemos después del caos, después de la duda y cuando nos toca volver a empezar.
Ambas nacieron en momentos distintos de mi vida, pero se complementan en esencia. Porque al final Dear Maya siempre ha hablado de eso. De los cambios que nos atraviesan, de las versiones que dejamos atrás y de las personas en las que nos convertimos a lo largo del camino.
Las flores más sagradas son las que aprendieron a crecer en medio de la tormenta.
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